COP 27

La 27ª Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se celebró en Sharm el-Sheikh (Egipto) entre los días 6 y 18 de noviembre de 2022. Se aprobó un Plan de Implementación que contó con el acuerdo decisivo para proporcionar financiación por “pérdidas y daños” a los países vulnerables más afectados por los desastres climáticos. A pesar del contexto geopolítico adverso, se tomaron una serie de decisiones que reafirmaban el compromiso de limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales.

El Plan de Implementación observa con gran preocupación la gravedad, el alcance y la frecuencia crecientes en todas las regiones, de las pérdidas y daños asociados y generados por los efectos adversos del cambio climático, que dan lugar a pérdidas económicas y devastadoras. Ante esta situación el documento destaca la importancia de una respuesta adecuada y eficaz a las pérdidas y los daños, que se traducen en un aumento de la deuda cada vez mayor y que dificultan la consecución de los ODS en estos territorios. 

Consecuencia de ello es la creación de un fondo para países vulnerables al cambio climático. Las Partes han conseguido un consenso respecto a la necesidad de aportar recursos financieros de forma inmediata que ayuden a cubrir desplazamientos forzados, daños en el patrimonio cultural, y dificultades en la vida de los habitantes derivados del cambio climático. Para nutrir este fondo se invita a las instituciones financieras internacionales a considerar, en las reuniones de primavera de 2023 del Banco Mundial y del FMI, su aportación a través de nuevos enfoques. Se abre la puerta asimismo a que países grandes emisores como China o India también contribuyan al fondo. 

En la Conferencia también se puso en marcha un programa de trabajo sobre mitigación, destinado a aumentar urgentemente la ambición y la aplicación de este concepto. El programa de trabajo se iniciará inmediatamente y continuará hasta 2030, con la celebración de al menos dos “diálogos” cada año a nivel mundial.

Se pidió a los gobiernos que revisen y refuercen los objetivos de 2030 en sus planes climáticos nacionales y que aceleren los esfuerzos para reducir progresivamente la energía obtenida del carbón, y eliminen las subvenciones a los combustibles fósiles ineficientes. El texto reconoce que la crisis energética mundial sin precedentes, subraya la urgencia de transformar rápidamente los sistemas energéticos hacia las energías renovables durante esta década. Para limitar el calentamiento global a 1,5ºC se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 43% para el año 2030 tomando como base las emisiones de 2019.

El documento final de la COP27 observa con gran preocupación el desfase existente entre los niveles actuales de adaptación y los niveles necesarios para responder a los efectos adversos del cambio climático. Por este motivo insta a las Partes a adoptar un enfoque transformador para mejorar la capacidad de adaptación, reforzar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático. Y a las Partes que son países desarrollados, a que aumenten de forma urgente y significativa su provisión de financiación para el clima, la transferencia de tecnología y la creación de capacidad para la adaptación.

Las conclusiones de la COP27 destacan el papel del Fondo para los Países Menos Adelantados y del Fondo Especial para el Cambio Climático en el apoyo a las acciones de los países en desarrollo para hacer frente al cambio climático. Se recogen con satisfacción las promesas hechas a los dos Fondos e invita a los países desarrollados a seguir contribuyendo. Por último, también destaca la importancia de proteger, conservar y restaurar los ecosistemas relacionados con el agua e insta a las Partes a integrar en mayor medida al agua en los esfuerzos de adaptación.

Por lo que respecta a la financiación, se estima necesario  invertir unos 4 billones de dólares al año en energías renovables hasta 2030 para poder conseguir “0 emisiones netas” en 2050, contemplando que la transformación a una economía baja en carbono requiere una inversión de entre 4 y 6 billones de dólares al año. El acuerdo también señala que la obtención de dicha financiación requerirá una transformación del sistema financiero y sus estructuras, con la participación de gobiernos y todos los actores financieros. El documento final observa con preocupación el creciente desfase entre las necesidades de las Partes, que son países en desarrollo, debidas a los crecientes impactos del cambio climático y su mayor y creciente endeudamiento, y los recursos prestados y movilizados para aplicar sus contribuciones a nivel nacional. Dichas necesidades se estiman actualmente en casi 6 billones de dólares para el período anterior a 2030. Se expresa la profunda preocupación por no haber cumplido el objetivo de los países desarrollados de movilizar conjuntamente 100.000 millones de dólares al año a partir de 2020, en el contexto de una acción de mitigación significativa para los países en desarrollo.

La aceleración del apoyo financiero a los países en desarrollo por parte de países desarrollados es fundamental para mejorar las medidas de mitigación y para abordar las desigualdades en el acceso a la financiación y su vulnerabilidad económica al cambio climático. Se destaca que el aumento de las subvenciones públicas para la mitigación y la adaptación en las regiones vulnerables, en particular en el África subsahariana, serían rentables y tendrían un alto rendimiento social en términos de acceso a la energía básica. Se anima a los bancos multilaterales de desarrollo a definir una nueva visión y modelo operativo para abordar adecuadamente la emergencia climática mundial, incluyendo el despliegue de un conjunto completo de instrumentos, desde las subvenciones hasta las garantías e instrumentos no relacionados con la deuda. 

Se han dado avances relevantes en cuanto a transferencia tecnológica, como es el primer programa de trabajo conjunto del Comité Ejecutivo de Tecnología y el Centro y Red de Tecnología del Clima 2023-2027. Este programa incluye las evaluaciones de las necesidades tecnológicas, los planes de acción y las hojas de ruta para respaldar la aplicación del Acuerdo de París. 

El documento final destaca la necesidad de abordar las lagunas existentes en el sistema mundial de observación del clima, en particular en los países en desarrollo.  Un tercio del mundo, incluido el 60% de África, no tiene acceso a los servicios de alerta temprana e información climática, y es necesario mejorar la coordinación de las actividades de la comunidad de observación sistemática, y la capacidad de proporcionar información climática útil y procesable para los sistemas de mitigación, adaptación y alerta temprana, y para la atribución de los fenómenos extremos. Se promueve proteger a todos los habitantes de la Tierra mediante la cobertura universal de los sistemas de alerta temprana en los próximos cinco años, con un Plan dotado con 3.100 millones de dólares.

Se reconoce el importante papel de los pueblos indígenas, las comunidades locales, las ciudades y la sociedad civil, incluidos los jóvenes y los niños, Agentes No Estatales, a la hora de abordar y responder al cambio climático, destacando la necesidad de una acción cooperativa a este respecto. Se alienta a las Partes a que aumenten la participación plena, significativa e igualitaria de las mujeres en la acción climática, y en cuanto a los más jóvenes se reconoce la importancia de la equidad intergeneracional y del mantenimiento de la estabilidad del sistema climático para las generaciones futuras.

Finalmente, señalar que en la COP27 se alcanzaron otros acuerdos o avances en temas como el mercado internacional del carbono; acciones en cinco áreas clave (energía, transporte por carretera, acero, hidrógeno y agricultura); una guía para garantizar compromisos creíbles y responsables de cero emisiones netas por parte de la industria y otros estamentos; un plan liderado por el G7 para proporcionar financiación a los países que sufren desastres climáticos; creación de un mecanismo de fijación de objetivos en el marco del Acuerdo de París; se lograron importantes avances en la protección de los bosques con el lanzamiento de la Alianza de Líderes por los Bosques y el Clima; etc.

Como resumen, podemos señalar que en la COP27 ha habido falta de ambición para reducir las emisiones. La situación de guerra en Ucrania, la crisis energética y el miedo a una recesión económica ha rebajado o frenado la ambición de muchos países. No se ha aprovechado el impulso tomado en la COP26 de Glasgow. No se dieron los pasos adelante que reclamaba la UE, junto un importante bloque de países, que siempre empujan para que los resultados sean más relevantes y ambiciosos. Ahora entramos en una década crítica, con la vista puesta en 2030. Se puede afirmar que en Egipto la Geopolítica ha sido más importante que el Cambio Climático.